En tren por Camerún, de Yaundé a Nagaoundere

En tren por Camerún, de Yaundé a Nagaoundere

Los viajes en tren, para mi tienen un punto de romanticismo y de misterio, así que cuando preparamos  el viaje a Camerún y vi que era necesario pasar una noche en un tren, me resultó fascinante, la idea  del tren ya me resultaba potente, pero además de noche ¡que emoción!  Me imaginaba que sería diferente a cualquier otro viaje que haya realizado en este medio de transporte... mis expectativas se cumplieron totalmente ¡que experiencia!

En tren por Camerún, de Yaundé a Nagaoundere

Hicimos el viaje al día siguiente de nuestra llegada y  coincidió en domingo.  La estación estaba a rebosar, había muchísima gente por todas partes,  y muchos soldados. Nos habían advertido que las fotos estaban prohibidas y como somos buenos chicos, cumplimos las instrucciones a raja tabla, lo que fue una pena, porque ciertamente la estación no se parece nada a ninguna de las que conocemos por estos lares.

En tren por Camerún, de Yaundé a Nagaoundere

La entrada a la estación fue bastante caótica, ya que las maletas las llevan porteadores, con lo cual se duplica el número de personas, además el hecho de ir pendientes del  equipaje  y no perderlo de vista,  origina situaciones extrañas, pero todo se salvó sin contratiempos y llegamos al compartimento nosotros y el equipaje.

En tren por Camerún, de Yaundé a Nagaoundere

El viaje lo hicimos en coche cama, y el vagón en ese momento no se diferenciaba mucho de cualquier otro, todo está impecable y las sábanas inmaculadas. La cosa cambiaría a lo largo de la noche, ya que los  vagones normales iban abarrotados, así que algunos de esos pasajeros buscaron un poco más de espacio  y se vinieron a dormir al pasillo de nuestro vagón, por lo que  ir al cuarto de baño de madrugada fue un tanto complicado.
Parte de la gente que había tumbada por el pasillo eran adultos con niños pequeños, algunos dormían, otros no, pero al menos si que respiraban un poco mejor, porque el hacinamiento de los vagones en que viajaban, era considerable.

En tren por Camerún, de Yaundé a Nagaoundere

Los compartimento son de cuatro personas, y el tren iba completo, pero   como nosotras también éramos cuatro, no tuvimos oportunidad de conocer a ninguna otra viajera. sin embargo, los hombres al ser tres, si que  pudieron  compartir el camarote con un camerunés,  que resultó ser un militar de alto rango, un señor  muy agradable y extremadamente educado... tantos soldados tenían que tener algún, o seguramente algunos jefes!

En tren por Camerún, de Yaundé a Nagaoundere

El pasaje del vagón era de lo más variopinto, había  pasajeros de varias nacionalidades y seguramente un tercio del pasaje era camerunés. Lo que más llamó mi atención fue la vestimenta de los pasajeros locales, las mujeres con unos vestidos preciosos con esos estampados africanos llenos de color, confeccionados primorosamente combinando telas, encajes, bordados y abalorios con un gusto exquisito. Ellos en su mayoría con unas túnicas blancas, con pasamanería que también resultaban imponentes... mi primera  impresión sobre los pasajeros del coche cama, es que  no eran gente corriente. De hecho sin querer bauticé  a una vecino de camarote; el hombre con aquella túnica me recordó a un reverendo, hice el comentario en voz alta, y le quedó reverendo para todo el viaje, y no solo eso, si no que cada vez que veíamos un señor vestido así, para nosotros era un reverendo.

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A su hora el tren se puso en marcha, estaba ya anocheciendo, así que íbamos a pasar bastantes horas sin  ver apenas nada del paisaje. El tren fue parando en todas las estaciones... y hay muchas a lo largo del recorrido!  y aquí, fue donde nos llevamos la gran sorpresa, porque en muchas estaciones, a pesar de ser de noche había un montón de gente vendiendo de todo, bananas, papayas, frutos secos, pescado seco que además iba acompañado de una salsa, buñuelos, ñames, bebidas  y el ya conocido " batón de manioc" mandioca fermentada que tiene un olor algo avinagrado y de la que os hablé en  esta entrada , miel, libros etc, etc.

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Evidentemente aquella gente estaba allí vendiendo, porque los que van en el tren le compran, así que asistimos a un espectaculo único, las/los vendedoras/es se acercaban a las ventanillas del tren con la mercancía en la cabeza, los viajeros la examinaban y empezaba un regateo, que siempre acababa con un acuerdo,  y el producto dentro del tren. Nos quedamos asombrados de la cantidad de cosas que compraban algunos, tenían toda la pinta de ser compradores convulsivos, o compraban para una comunidad. La bananas, los buñuelos y el  batón de manioc, fueron los productos más demandados, y mi "ahijado" el reverendo, fue probablemente el que más compró de nuestro vagón.

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Cenamos bocata y fruta que habíamos comprado, aunque en el tren ofrecen también bocadillos que llevan al camarote.
Nos fuimos a dormir temprano, la actividad comercial había decaído y el ambiente en los pasillos también, además queríamos estar frescos tempranito, porque ya nos habían advertido que en una de  las estaciones el espectaculo iba a estar servido.

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Y así fue, ya antes de llegar a la estación y con los pitidos del tren, empezó a salir gente por todas partes con sus productos para vender. La mayoría eran mujeres vestidas con las ropas tradicionales africanas,  también había muchos niños y algunos hombres, entre todos convirtieron la estación en un festival de color, con un bullicio considerable..  fue un momento inolvidable de esos que voy a recordar toooda la vida.

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En este trayecto solo compramos bananas, y una compañera buñuelos para el desayuno...  pero teníamos que hacer el trayecto de vuelta, y ya sabemos aquello de que todos los males se pegan.

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El desayuno lo encargamos en el tren y nos lo trajeron al camarote, un gran tazón de café con leche, fruta  y una magdalena gigante.

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La llegada fue más o menos igual de caótica que la salida y con más sensación de inseguridad , sombreros, gorras, agua, cualquier cosa que fuera a la vista, volaba a toda velocidad, pero fuera ya nos esperaban los coches para llevarnos a nuestra "aventura" por la sabana, pero eso os lo contaré otro día.


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El viaje de vuelta fue mucho más tranquilo, era un día laborable y seguramente influye, pero aún así,  acabamos sucumbiedo a la fiebre compradora y llegamos al final del viaje con bananas, libros, miel y una botella de litro llena de cacahuetes, que por cierto estaban buenísimos.


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En unos días volveré con alguna nueva historia viajera, hasta entonces sed lo más felices que podáis.

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¡Buenas noches!







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